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Borges habla de nuevo


Esteban Peicovich nos trae este libro de charlas con el Maestro,y del cual he tomado el cruel atrevimiento de elegir algunos tramos.

No por qué dicen que carezco de sentimientos. O que a mi vida fueron negadas ciertas experiencias fundamentales. Supongo que se refieren al amor. Se equivocan los que piensan que no he conocido el amor. Puedo afirmar que he vivido enamorado.

El primer amor (ideal, por cierto), de mi vida fue una actriz, Ava Gardner. Solía ver sus películas dos veces por día. Apenas terminada la función, deseaba que llegara el día siguiente para volver a verla. El amor exige pruebas. Pruebas sobrenaturales.

Para la clase media es una clase superior. La aristocracia es muy parecida al pueblo. Los aristó- cratas son muy nacionalistas y el pueblo también lo es. Les da por las mismas cosas. Les interesa el lujo, las carreras.


Como dijo un poeta, siempre me asombrará ver surgir en la enorme noche una nube mayor que el mundo y un monstruo hecho de ojos. Hay un poema muy lindo de Chesterton que dice lo siguiente: Voy a envejecer para todo. Para el amor. Para la mentira. Pero nunca envejeceré para el asombro: siempre me seguirán asombrando las cosas fundamentales...”.



El azar (tal es el nombre que nuestra inevitable ignorancia da al tejido infinito e incalculable de causas y efectos) ha sido muy generoso conmigo. El azar dice que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o de chapucero o de am- bas cosas a la vez.


La idea de que uno va a desaparecer totalmente es agradable, reconfortante. Por lo menos lo es para mí.
Sería horrible seguir siendo y
, sobre todo, seguir siendo Borges. Estoy harto de él.

Si todos los países llegaran a ser de clase media

–eso sería la Utopía para mí– desaparecerían muchos males. Yo viví cinco años en Ginebra en la época de la Primera Guerra Mundial. La ciudad tenía en ese tiempo 120.000 habitantes; creo que ha- bía un comisario y dos vigilantes. ¿Por qué? Porque todo el mundo pertenecía a la clase media. No ha- bía gente ni muy pobre ni muy rica. En los países escandinavos, países de clase media, no hay crimi- nales.


Yo no estoy seguro de ser cristiano y estoy seguro de no ser budista.

El mayor defecto del olvido es que a veces incluye la memoria

Comments (2)

Si si si si si ...sos un grande Marcelo...que bueno que es leer ésto...Gracias


Santiago

¿Te paso algunas referidas a Pinochet?