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El payaso y los sapos, por Roberto Gargarella.

  
El Pinguino sapo


Los diarios nos revelan -recién ahora- lo que ya sabíamos: que Redrado traficaba influencias, que hacía gastos inexplicables (por qué denuncian esto recién ahora, el día que Redrado se pelea con el gobierno? 
Es que justo ahora apareció esa información, antes desconocida?????). Él mismo se entierra, en estos días, dando cuenta de actividades que debió haber denunciado antes y que no sólo no denunció, sino que favoreció y encubrió: el Banco Central al servicio de los más influyentes. Payasesco, para decir algo. Durante su gestión, el "golden boy" Redrado fue pura UCeDé: ideología conservadora, subordinación boba al que manda, negocios sucios, ayuda al poderoso. 

Néstor K dice que lo nombró para ganarse la confianza de los acreedores. La pregunta es: cuántos sapos quieren que nos traguemos, en nombre de agradar a los poderosos? El sapo Duhalde al comienzo, para garantizar estabilidad; A. Fernández y la parte más mafiosa de las intendencias, para tener sujetos a los poderesos del Conurbano; el sapo Cobos luego, para agradar (y quebrar) a la oposición; el sapo videlista Echegaray, para tener un soldado que no piense pero ejecute, en la DGI; el sapo Bossio, idem para la ANSES; el sapo Boudou, para que el poder financiero no se asuste; el sapo Moreno, para parecer lo más duro posible frente al empresariado mas poderoso; el sapo De Vido, para atenazar a los empresarios amigos; el sapo Pichetto, para retener el poder del viejo menemismo legislativo; los sapos Alperovich and co., a nivel provincial, sin importar si respetan libertades, divisiones de poderes, instituciones existentes...

Si el gobierno tiene cara de sapo, croa, pega saltitos hacia los acreedores, es petiso y de color verdoso, no se habrá terminado por convertir en aquello que -sólo para engañar, sólo para asustar, sólo para amenazar- simulaba ser?


Blog de Roberto Gargarella