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Carlos Reynoso

Antropología de la música. Entrevista con Carlos Reynoso, por Clara Blumenfeld.

Con el afán de desentrañar las raíces y las transformaciones de la música en las diferentes culturas, nace la antropología musical, especialidad marginada durante mucho tiempo dentro de la antropología e ignorada a veces por los mismos músicos. Para acercarnos a esta disciplina que oficia como puente entre el arte y la ciencia conversamos con el antropólogo Carlos Reynoso.

¿Qué estudia un antropólogo de la música?
No hay un cierre definido entre que es antropología de la música y que no lo es. En general, han sido antropólogos que han tomado la música como objeto y han quedado excluidos de la antropología. Por un lado, formaron nichos propios, con sus propias celebridades y su propia circulación de los cuales la antropología no tiene ni idea. Y por el otro lado, existen musicólogos.

¿Existe un criterio científico que establezca qué es música y qué no lo es? ¿Dónde está el límite, si lo hay?
No se si es posible decretar desde afuera qué es música o qué no lo es. Para eso es muy útil aplicar una serie de principios, por ejemplo, el de Corsinsky - Beatson de la relación entre mapa y territorio. De esta manera, ‘música’ pasa a ser un rótulo que uno le pone arbitrariamente a un conjunto de manifestaciones y el que utiliza este rótulo tiene toda la libertad de poner los límites donde le convenga, después tendrá que dar cuenta de eso. Jean-Jacques Nattiez, antropólogo de la Universidad de Montreal, en su estudio sobre los juegos de garganta de los esquimales Inuit de Canadá, los Ainu de Japón y los Tchuktchees de Siberia, considera que estos sonidos no son música, sino más bien un sistema de señalización o un juego. Pero hay juegos musicales por todas partes, de hecho, hay una obra de Mozart que se llama así.

¿Piensa que la globalización esta presente antes en la música que en la cultura, u otras expresiones artísticas?
Tomamos té que viene de China, chocolate que viene de México, tomates que son precolombinos y así sucesivamente. No hay nada que sea local en definitiva. Cualquier fenómeno es un proceso abierto, prácticamente cualquier música se puede fusionar con cualquier otra. En el seminario de Antropología de la Música que dicto en la UBA mostré el ejemplo de música pigmea de la década del 50 en la que se canta Mi querida Clementina. Esta canción de la película de John Sturges, Duelo en el Ok Corral, era en aquel momento un éxito popular. Salvo en casos muy raros de aislamiento en islas muy distantes, la música siempre se mantuvo abierta y sensitiva a la globalización. Por ejemplo, aparecen simultáneamente en todas las culturas flautas y tambores. Hoy en día se está tratando de investigar si cada cultura realizó los descubrimientos por separado, si derivaron de un tronco común o de procesos de comunicación.

Muchas veces el músico se siente observado, analizado, y eso genera una especie de reticencia o rechazo frente al científico que lo considera como objeto de estudio.
El músico crea no necesariamente desde una actitud analítica y de hecho muchas veces carece de esa visión porque ser más analítico cuartaría, quizás, la fluidez de su composición. A veces los músicos no se resignan a la idea de que ellos son músicos y no necesariamente musicólogos. Es un problema esto de que la ciencia viene a estudiar de afuera determinadas cosas. Y mucha gente con o sin razón, le tiene una especie de desconfianza. Un científico puede llegar a revelar cosas que el músico no había vislumbrado, cuestiones de las cuales no era ni siquiera consciente. Hans Keller por ejemplo, demostró que la Cuarta Sinfonía estaba basada en un sólo tema que variaba y ni Tchaikovsky sabía esto.
Defender que el músico tenga la última palabra acerca de incluso su propia música, es tan limitado como pensar en materia de lingüística, que el que está autorizado para hablar es únicamente el hablante. El que está autorizado para hablar de determinado punto de vista es el lingüista, no el hablante, aunque no hable fluidamente esa lengua. Ciertos elementos de juicio analíticos sólo se pueden observar desde afuera, tomando distancia y teniendo una visión comparativa. El que hace música sólo tiene el conocimiento de cómo se hace su propia música. Esto es muy loable y necesario. Me atrevería a decir que es lo principal de todo, pero no lo único.



Música latinoamericana y argentina.

¿En qué afecta el ocultamiento sistemático de las influencias musicales nativas y afro en Latinoamérica?
La idea misma de América Latina es un tema delicado porque estamos definiendo un conjunto cultural muy grande, muy heterogéneo con componentes indígenas y africanos muy fuertes. Sin embargo han prevalecido las influencias de los europeos dominantes originarios, principalmente de la Europa Latina. Por lo que usar el concepto de América Latina ya genera esa distorsión que esta detrás de las doctrinas que niegan la existencia de componentes africanos o nativos en muchas manifestaciones culturales de la región. Siempre hay proyectos de construcción de identidad en dónde se decide construir la música de una determinada nación pasando por encima de los orígenes raciales correspondientes. En México, por ejemplo, existen centenares de sociedades o de culturas pero actualmente no se notan prácticamente las diferencias entre ellas. Todo está bastante homogeneizado. En definitiva, se construye una macro sociedad que tiene algunos géneros representativos. Muchas manifestaciones musicales se pierden y a veces se vuelven a fabricar como pasó con las músicas negras del Perú o de la costa pacífica de Latinoamérica que habían perdido las tradiciones que las sostenían y luego se reconstruyeron conjeturalmente tanto en conservatorios como por parte de músicos populares.

¿Cree que hay una “música argentina”?
Han prevalecido a lo largo de la historia demasiadas teorías que de alguna manera implícita o explícitamente consideraban que lo que hacían las clases altas era superior y lo que hacían las clases bajas era simplemente imitar. La teoría de la imitación, de Gabriel Tarde, era una doctrina sociológica bastante común a principios del siglo XX. Esto desató una especie de pérdida del valor de determinadas músicas que tenían elementos que ostensiblemente venían de abajo, como puede ocurrir con determinadas tradiciones musicales alimentadas por la música que hacían los esclavos. Yo creo que aún persiste cierto descrédito al pensar que puede haber elementos africanos en la rítmica, por ejemplo, del tango o de la milonga. Además existe esa premisa que sostiene que ningún rasgo musical surge de la nada, todo viene de otra parte. La creatividad en las culturas es bastante escasa, no hay tantas clases diferentes de música como las podría haber matemáticamente. La música se hace en función de unos pocos moldes que bueno, después permiten una cantidad de manifestaciones pero con muy pocos grados de libertad. Todavía no se conocen bien los antecedentes del surgimiento del tango, hace falta documentación. Sin embargo, las primeras manifestaciones no sólo revelan una música distinta de la que se hizo después, sino que dan cuenta de una música genérica con muy pocos instrumentos: flautas, tambores y algunos violines, parecida a otras músicas que se hacían en la América Latina e incluso en España. Pelo telefone, el primer disco de los sambas editado en 1917 en Brasil, utilizó por primera vez el término ‘tango’ para denominar su estilo musical. Las dos palabras (samba y tango) tienen una resonancia africana terrible.



Futuro de la Música

¿Cree que la música dejará de ser un producto comercial, a través de un soporte tangible?
La música puede existir sin pasar a un CD jamás. Son todos repositorios virtuales, las cosas ya no tienen existencia fuera de la máquina, físicamente hablando, es el factor por el cual ahora la música pasa por redes, por aparatos. En 10 o 15 años, puede suceder que en un pequeño volumen se encuentre la música que existe prácticamente en todo el mundo. Técnicamente es factible, una máquina que tenga unos cuantos tera-bites puede servir para estos fines. El riesgo de perder al CD, como libro, es evidente. Pero existen alternativas para obtener información y documentación, ya que a través de redes peer-to-peer se puede bajar no sólo la música sino también la información escaneada. Este tipo de cambios recién empiezan, no suceden automáticamente porque también existen intereses concretos. Hay que vender lo que ya está fabricado. Con respecto a la música, toda esta cuestión de una grabación, de un disco, de un soporte, es posible que se disuelva en futuros muy próximos. De por medio igualmente está todo el problema legal. Y lo de las redes, por ejemplo, en las islas Vanuatu (que son paraísos de la piratería, como las islas Caimán son paraísos fiscales) están ubicados estos servidores de Internet. Bien puede suceder que se decida que este sistema es ilegal, y que determinados países lleguen a bloquear el acceso a estas redes. Pero siempre que se establece este tipo de convenciones, se establecen también cuales son los caminos alternativos. Pero estoy convencido que de acá a 10 años, el estado actual va a cambiar mucho. El cambio en las posibilidades de conocimiento es muy grande, hoy se puede tener acceso a la música que se hace en cualquier parte del mundo y se puede escuchar en cuestión de minutos. Son posibilidades que se abren ahora y recién se empiezan a generalizar.

En su libro Antropología de la Música. De los géneros tribales a la globalización, invita a escuchar: “ahora que la música es todavía diversa, antes de que sea demasiado tarde”. ¿Para qué puede ser tarde?, ¿no puede salir algo bueno de este proceso?
Dentro de un tiempo mucha música desaparecerá o se diversificará inmensamente. El proceso de globalización y sobre todo el proceso de integración de la música al mercado es imposible de detener. Se puede demorar un poco, pero son quijotadas en última instancia. Mientras, es necesario preservar, registrar. Todavía existe mucha música ‘rara’ como las bandas de sikuris de la Quebrada de Humahuaca y las doctrinas de Yavi en la Puna. Aunque ambas manifestaciones hayan estado bastante influenciadas por las bandas de percusión prusiana, todavía mantienen un sonido que no es el sonido global del siglo XXI. Estas músicas se pueden llegar a impulsar de alguna manera y pueden contribuir a reforzar el uso de la música como elemento identitario. Esto mismo es lo que sostiene todavía a las bandas de sikuris. No tanto en el caso de las doctrinas: música funcional de la Iglesia que se conserva porque también se mantienen los ritos. En el momento que se pierda la instancia ritual pueden desaparecer músicas enteras.

¿Es posible preservar la música como experiencia real, en sociedades modernas con consumidores pasivos?
El tipo de música que requiere una escucha más activa, un posicionamiento, no es simplemente música para llenar el vacío. Igualmente no creo que se pueda detener el tiempo. Cada época tiene su propia dinámica y en los últimos años estas dinámicas han cambiado mucho más de lo que se podía concebir. El cambio tecnológico y cultural es enorme. Estamos hablando de que casi todos los chamanes tienen sus páginas web y muchos enseñan a hacer canto armónico a tocar los instrumentos chamánicos. Los antropólogos a veces tenemos mas escrúpulos o más intensiones de conservación que los propios actores culturales, a los cuales parece no interesarles que sus propias tradiciones se pierdan. Es bastante característico que los jóvenes dejen de escuchar la música que escuchan los mayores, y prefieran hacer su propia música, que por lo general, es la música de los medios masivos.


Gentileza
http://clubdeldisco.com/sitio/index.php

Página del Profesor Reynoso
http://carlosreynoso.com.ar/