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Mi utopìa està intacta.


Conservo la gramática de mi juventud.
Siendo hombre, el punto de partida es Londres.
Nos desprendemos de la fatiga de transformar al mundo, y determinamos que...
No hay paraíso en la Tierra.
El efecto cromático de los sueños de ese hombre no es ni más ni menos que...
La moral transformada en plegaria.
Dejar perfecta la latitud de tu pelo nos lleva a pensar que...
En la cima de esa colina te espero sin melancolía.

Mis verdades, las dejé en algún umbral.
Devoto de una tradiciòn con el paso gentil del ciervo.
En el bosque oscuro y gris de los pètalos que duermen en el piso.
Delante de tu màrmol, mi ventana grita sin rencores,
Que tu pan es el mio, que tu sangre es la mia.

Semillas recièn cultivadas, y enfrente, la tormenta.
No gritamos en las arenas de la mente, y menos en el carruaje.
Paz humana, caridad, contemplaciòn y descaro.
Una religiòn adecuada a los gentiles,
mientras mi deseo sigue en pìe.
Por los siglos de los siglos, por las manos que se ven en el espejo.
Despùes de esta vida, tendrè el coraje de vivir otra.

Creemos en los imposibles. Saltamos al vacìo de vez en cuando.
Y las teclas de ese piano me permiten una balada
Que la violencia de una sociedad errante no puede conquistar.
El Mundo es un sol desplegado ante nosotros.
Su ùnica causa es la de los irredentos, que tienen la sed de los desesperados.
Sin embargo, al ponerse de pie revela su confesiòn.
No hay paraiso en la Tierra.

En esa Iglesia que presume en la forma primitiva de la idolatrìa,
Voy a sentarme a pedir por los poemas irrefrenables,
por las ventajas de ser humano.
En mi mente de naturaleza imperfecta,
me libera saber
que solo soy un alma en transiciòn, un hàlito en la geografìa de la morada.

Soy mortal.
Y no hay paraìso en la tierra.


Las nodrizas esconden a sus niños.
La primavera huye sin control.
Estamos en lugares que antes fueron soñados.
Valles encantados donde se derraman los vestidos ,
el vino es color tierra.
Es nuestro tiempo, nuestra cultura,
el designio que nos deja besar sin rencor.


Tengo unos ùltimos minutos para expresar que...
Combinar las aldeas y los sentimientos es una virtud.
Destruir las mañanas de las ideologìas, despegar al fin del sueño malvado.
Los caminos que quedaron detràs.
No se comparan con los que asoman bajo la luna brillante.
En lo màs inhòspito de ustedes,
en las alegrias del despertar con alguien.
En mi rompecabezas.

Acaso ese parecido asombroso con la luz del culto a los antepasados,
el tapiz de las abundantes cosechas.
El clamor del pueblo, el vientre satisfecho,
a miles de kilómetros , si vos no estàs, pues no quiero vivir.

El tres, el nùmero de la suerte, del gozo, de la comuniòn.
Desarmarse, luego luchar.
Contemplarse, luego llorar.
Al asalto de las murallas que esperan irredentas,
el sacrificio donde espera el renacer.
toma vuelo y descansa en lo secular.

No es completamente distinto pensar y creer.
Lo primero es la trampa de los destinos,
lo segundo, la trampa del desatino.
El ajedrez de las conciencias.
Unas pocas palabras para el prìncipe idiota, el mandarìn de lo absurdo.
No hay paraiso en la tierra.

Es por eso, mis bienamados, que la vida se conserva.
La narrativa de la esperanza se ha hecho fuerte en el alma.
Mi orquesta ejecuta melodìas desafiantes, no hay rencor
No me atrevo a llamarlo coraje, pero si esperanza.
Tengo la certeza de un texto sanador, interpelando a la realidad,
Y uvas exprimidas hasta el asombro,
para llenar la copa de tus senos.

Las alas, preparadas para el vuelo.
los cristales, a punto de romperse.
Cuentos y leyendas, en la puerta de los labios.
Dispuestos a conmover.
Este es mi manifiesto acerca del calor de tu sur.
El ruego, el caballo galopando, tu hermoso fruto con rulos dorados.
Mi ficciòn, mi novedad. Mi alegrìa.

Mi utopìa intacta.



Marcelo Camisay. 17, Julio, 2011