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El agua y el otoño





Un hombre, hace un tiempo, descubrió ciertas cosas eternas escondidas en una vasija de barro.

Las dos primeras, el destino de los héroes, y además, el dolor de los enamorados.

El resto, prometió no revelarlas hasta después del cenit.

Hoy, vive feliz en su casa de la montaña, disfrutando su ateismo.



Todas las noches, en vez de una oración, elige confesarse, obviando la presencia de los clérigos.

Y recita muy bajo, susurrando solo para él...



-En un tiempo donde vuelan las hojas de los árboles, resolveremos en el Paraíso nuestros mejores dilemas..-



Habla mirando al espejo,  infantilmente , ( la más puras de las formas del hablar), en esa tarde con sol, de aquellas travesías que llegan a buen destino.

Pero no tiene público, está solo, no hay aplausos. Ausencia de miradas cómplices. Huérfano . Ella, en el pueblo con Bautista y Julie.

Solo la montaña que lo abriga y la tarde con sol. Nada más.

Conversa con su conciencia mirando el paisaje de las dificultades ,o lo arduo de la vida en las trincheras, esperando al enemigo llegar marchando a paso gentil.

Observa en estos relatos solitarios la existencia de una mezcla de desesperación, ansiedad, un poco de alegría, o algo muy parecido al brillo de vidas pasadas con existencias llevando su propio madero al Gólgota.

Camina hasta su breve escritorio de pino, aleja la silla , se sienta, toma  papel ,un lápiz color amarillo, deja que la brisa entre por la ventana. Es un buen momento para hacerlo.

Y escribe...





El eco de los pasos, Porlezza, región de Lombardía, 26 de Agosto,1956.-



Todo sale bien.

Miramos el sendero, dejamos la cabaña, y el bote en la orilla del tiempo.

Nos mostramos las palmas de las manos.

Y quedamos vivos para contarlo.

No podemos creer esto. Que viaje largo y estremecedor!.

Pero se cree.

La fè queda intacta, muy a salvo de las balas.

Y el banco de plaza es un testigo privilegiado de los cuerpos, mientras la arena y el mar meciendo la madera en la orilla es otro.



Llegamos.

Y nos preparamos para el siguiente periplo ahora.

Siempre el mismo puerto de arribo.

Tu corazón.

Y por acá, hay un mar detrás de cada párpado en el cristal....



Un color índigo desafiando toda pretensión de libertad.







Tengo sobre mis hombros la felicidad ineludible,

cuando todo aprendizaje se ha derribado.

En el sentido más obvio de la expresión, cuando las piernas abrazan al amante.

Hasta dejarlo articulado, inmóvil, muerto por el deseo.

Que digna la soledad del campo, que perfecta el alma inquieta.

Que poderoso el tamiz azul del amo sobre la morada.

Los labios acumulan rabia y lluvia,

Alma inquieta en la pluma del escritor,

Las fieras suplicando en la tierra, y un planeta que lleva el nombre de tu vástago.



Quien ha dado la orden de sufrir de inmediato?

Hay más de lo íntimo en los dos. Más de lo anterior, más de lo mismo.

Pero eso que me excita es el camino del terciopelo.

Eso que me inspira es la piedad.



Los susurros bailan alegremente en los oídos.

Pero la lluvia borra la identidad de los testigos

como la manzana recién mordida, como el silencio de la montaña,

como el refugio de los que huyen de si mismos.



Matizada con gotas de agua y sal, esas formadas en los ojos, que los humanos llaman lágrimas, me contaron de la rebelión del presente inmediato.



Seguimos caminando, ella a mi lado.

En dirección a una soledad sin luz.

Mis milagros, están a punto de ser revelados, pero no me importa.

Y nos recitamos, muy bajo, susurrándonos, abrazados, desafiantes, antes de quedar dormidos...



"-En un tiempo donde vuelan las hojas de los árboles, resolveremos en el Paraíso nuestros mejores dilemas..-"







Golpean la puerta.

Entran los tres., felices.

Traen pan caliente.

" Ya salieron, llegan en el tren de las 2...."

-Todos?-

-Los tres...-




Marcelo Camisay, 22 de Octubre de 2011
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