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El cielo de los luchadores


Esta lucha puede ser inevitable
el mensaje escrito en la abeja es mío
nuestro compromiso, más allá del ring y esa frontera
será el centro y tu periferia
A partir de esa mujer
de la mano de tu maestro
el índice
el presagio
la temperatura

Un caparazón medita en el puente
advierte  distancia, en esa  monotonía del rubor
muchas generaciones han marchado a la frontera de tu piel
mestizos; la lámpara suda arena.


Y un desierto jamás es un desierto
es una incógnita, dos pesares y el cántaro lleno
Y una ventana jamás es una ventana
es una vanidad pintada oportunamente
Y un conquistador jamás es un conquistador
es un iluso dentro de una copa de vino
Y una  serpiente jamás es una serpiente
es — apenas — un océano óptimo para naufragar.



Este camino es sólido
es eterno, es para siempre
pero dejará de existir mañana a las doce
es más, mis manos ensangrentadas aplauden
el altiplano es un testigo;  esta forma heroica en la pantalla del cine
Un imperio anhelante, desnudo
escribo mi diario en segunda persona, sin tildes.
Hoy, narro este mito

No me importa el oro, el sendero ni el reloj
me importa estar felizmente confundido
me importa; una vez más, 
vivir excitado por esa montaña violeta.




Marcelo Camisay
Enero de 2015