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El río de los hilos invisibles


—¿Qué hiciste?
—Creo que un beso tiene derecho a interrumpir cualquier conversación.




estar sincronizados
es todo lo que le pido a la lluvia, al alma,
al dragón,
a los misericordiosos
es mi plegaria en favor de las capitales del mundo,
los mineros,
las monedas de plata
para salvarnos,
para luchar,
para dejar que la luz del sol conmueva las pupilas
y dejarme verte caminando entre la multitud
beber limonada,
dejarlo todo para Setiembre

otro motivo para flotar,
todas las caras de los niños son azules
los nietos buscarán a sus abuelos en Praga
las esquirlas rotas,
el corazón fúnebre,
la apatía
nada de eso necesito hoy
estaba tenso,
si,
no quiero ser tu guardián nocturno


ningún discípulo,
vuelve atrás
abre el sobre,
encuentra los escritos,
y se rinde,
ante el acto insoportable del cariño
este punto de contacto,
entre ese viejo caminante,
y nosotros,
es su fatalidad,
esperando en el portal
más allá de la fluidez
vimos,
sin darnos cuenta,
nuestro futuro
desplegado,
como un cisne

sé bien,
de inevitables momentos,
donde toda idea necesita un hogar
iluminando,
esa morena profundidad,
estoy gentilmente invitado,
a prender el candil
cierro los ojos entonces,
vuelo alto
prefiero prolongar la vida,
en un racimo de días,
niños y muchos cometas
aquel tocado con la punta de los dedos
mi deriva,
el insomnio
que tanto cuido y temo
cielo azul,
ha sido el oxígeno,
mucha inspiración
otro instante,
que fue hoy
pero jamás una tarde
despegando  al cénit,
con  la energía del hombre penitente
este amuleto de plata,
baila entre las nubes
y la harina para amasar,
el amor que me reclaman
donde que quiero afirmar
que todo tiene,
la fragancia de tu deseo en mis truenos



estas gaviotas,
alteran su rumbo,pregunto entonces:
¿nosotros no?
la bruma del mar se lleva el veneno
toda imagen que no es palabra,
es viento ahora
un poco de colorado,
algo de azafrán,
el resto de vértigo

ambos,
enfrentados por el deseo
primer día,
comer como ellos, hablar como ellos,
danzar como ellos

tu memoria,
me lleva siempre,
donde los labios estacionaron
cuando el resto del destino que nos queda,
es, apenas,
un asiento de un abandonado vagón de madera

algo aprendí anoche y es ésto:

cuando estamos donde se debe estar, los minutos tienen 61 segundos.




Marcelo Camisay
Mayo de 2016