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Un día moriré, y el despertar será inolvidable




la mitad de mi mundo es tuyo
la mitad tuya es tuya
la mitad del mercurio,
de ambos
de las plegarias,
los rumbos,
y toda la audacia en la eternidad
la mitad de las melodías,
serán de todos
la mitad del espíritu
la mitad de la luna
la mitad del sol
la mitad de la cartas escritas con sangre
la mitad del aire,
tu mitad del gozo,
la mitad de los sueños,
el resto del placer

el tiempo es solo arena de playa
(y lágrimas de sal)
los ojos culpables,
en la cárcel de Mandela
los naufragios,
con sus legítimos dueños
la fe sobre el crepúsculo
estos sueños rotos,
sanados a los besos

la mitad del talismán
la mitad de la ventanilla
la mitad de dios
la mitad del manuscrito
la mitad de la ausencia
la mitad de los árboles
la mitad de las cenizas

y esa virtud mágica del hechizo.


Marcelo Camisay
Octubre de 2016