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The Beach



Pagaste a tu puta de los martes?.
Karen o Michelle, todo el abismo que se abre ante tus pies,
son pequeños despojos de uno mismo.
Importa poco si la avenida adornada de lilas,
respira el mercurio de tus manos.
Importa poco si nos hacemos de toneladas de marfil.
No sirve de mucho solucionar la pena,
Cuando ella salta tontamente al vacío.

En la cocina del deseo, tu mejor plato está servido.
Son los misterios de la religión cristiana.
Y esa conducta extraña, rendida ante las debilidades del tiempo.
Y yo, entre las farolas.


Esto soñé anoche y quiero contarlo.
La divinidad tiene tres palabras. Rumbo, Historia y Relato.
Estaba conmigo, aprendiendo a rebelarse.
Luego, en pocas horas, durmiendo a mi lado.
Almacenamos tantos intervalos y antologías minuciosas.
Y ese instante de tiempo, él se torna tan baldío.
Tan dulcemente baldío...

No hay pasado. Hay ilusión .
Hay una playa , llena de corazones.
Miles marchando bajo el sol abrasador.
Cientos, salvados por el color del azufre.
Había incluso una vida de madera que me parecía tan dolorosa,
que oyendo la campana, incluso, no podía ponerme en pie.

Cuál nombre debo proclamar en el sueño mío?
El tuyo?
Hay grietas en el cuero, si, seremos auténticos.
Zapatos hartos de caminar solos, acumulando una sombra tras otra.
Tengo dos manos liberadas, en una, solo una paloma a punto de partir.
La otra, en el cuenco, migajas tuyas, el simple poder de la nube color plata.
Llegan ruidos desde mi casa, al calor de la luz trepando el muro.
Me dijo que murió en la guerra, no pudo ganar su batalla y se despidió.
Y la calma que uno espera no llega!
Como cuando en la carretera me dispongo a llorar.

Debo decirlo. 
Cuantas cabañas incendiadas por el amor.
Cuanta pérdida. Cuanta miseria. Cuanto cariño.
Limosnas solicitadas en un rincón, escondidas en vasijas de barro.
El bullicio de los niños, y la simpatía por el chapoteo en el agua.

Pero qué es todo esto?
Es un sueño de anoche.
Divididos, cada cual en su oficio. Ganando el cielo con dos aplausos.
Caos en la aventura de la noche, vestida de fiesta, de amarillo.
No envejecemos, no tenemos rencor.
Si, es el sueño de anoche.

También esto me contaron que soñé.
Dos personas fundidas, atravesándose, tibiamente, con sus ojos abiertos,
llenos de lágrimas.
Cigüeñas y su prole, durante un frío invernal, reconociendo sus nidos.
Luego, la calma del deseo exitinguido.
La paz de la playa.

Todo va a parar a las manos de los molinos de viento.
Las personas que caminan, y los mentirosos de ocasión.
Asomados al pecho desnudo del hombre de fé.
Cumplí con todos los recuerdos, en el sueño de anoche.
Y llegado al campanario, a la última moda, una fraternidad me espera.
Luminosa como la reina elegante, atesorando lo sublime del alma mía.




Marcelo Camisay.
25 de Febrero de 2011