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La hora de las gaviotas



 Soñé, desperté, volví a empezar, caí, volví a creer, miré hacia el mar, hacia adentro, hacia afuera, escuché, no escuché, leí, me mojé, me sequé, vibré, llegué al cielo, pedí café con leche pero con poca leche, gasté energías, gasté mis pies, me enamoré, pregunté, me respondieron, tuve tres noches inolvidables,-y tres noches inolvidables-, me sentí solo, acompañado, fui desprolijo, ordenado, sincero, atrevido, tuve un accidente, entre a tres iglesias, observé a los perros, las personas, los muelles, desayuné, almorcé y cené, no dejé dormir, no pude dormir, la lluvia me bautizò, sentí la distancia y la eternidad, fui pescador, miré un avión, una pala mecánica en La Lucila, caminé descalzo por la orilla del mar, descalzo por tu casa, descalzo bajo el sol, un balcón me ayudó a no caer, tuve calor, tuve frío, escuché a Abel, a Gustavo, a mi música y la del silencio, conocí lugares nuevos, una noche las estrellas me dijeron cosas y me abracé a ella para tatuarme por dentro, tome helado de chocolate y limón, me duché con agua fría, la realidad me pegó en la cara, fui estatua, rosa y sendero, caminé, caminé, caminé....y no me cansé jamás de haber caminado tanto.
Una noche fui San Bernardo, y la siguiente, un inmenso pecador...

Tuve todo lo que antes se me negó. Tuve todas las oportunidades del mundo.
Tuve todo lo que vine a buscar.
Y aprendí, perdiéndolo todo.

Este Enero se marchó en Enero, -no en Octubre-.
Te agradezco inmensamente la puntualidad para tu adiós, querido Enero.
Ahora, aguardo en paz once meses, y volveré.
Será a la misma hora , bajo el mismo muelle y con las mismas tontas esperanzas de siempre.


Y esos pelos en remolinos son cartas de amor
Deliciosas cartas de amor.
Elogio de la paz.
De cada feria de domingo tengo una historia.
Cada foto, desde que te conozco.
Te veo
Terror tengo, si, lo afirmo. Sin dejar de mirarte.
Otros mundos.
Otra rosa.

En la cárcel del instante, y al interior de una caja vacía,
estalla tu risa, contemplo tu vida desde tan lejos.
Dejo escrita mi última voluntad entonces

Cae la noche a veces el trueno
no desgarra el cielo, el cielo desgarra al trueno.
Olor a primavera, en las primeras horas del otoño
Ojos nuestros fijos en el muelle.
Mírame,  lo imploro.
Dame el sonido de esa cascada.
En la puerta están los acordes
Vamos, despertemos y seamos amigos.
Prometo cuidarte, darte la mano, buscar tu diamante.
Toda isla es posible.

De la cocina al cuarto,
jugar con el perro, dejamos nuestros pies mojados.
Nos basta con la imagen.
Silenciosamente estaré durmiendo, quienes cuido
toman la casa.
me lo revela un adivino, lo desea con fervor.
Me pide que no añore, que dibuje en lienzo lo que necesito.
Le cuento de mis noches, los arbustos.


Esta complacido, me da fuerzas
Para mirarte,
porque hoy te vi.


Tu maga, con fragmentos de dolor.
No hacen falta más frutos de fatigas,
a la vista el puente.
Tiembla la tierra por esos bucles
Y el sendero, tibio por tus pisadas.
Me llevan derecho a la cima.
La cruz, la aspereza del ímpetu, mis flaquezas.
Te vi hoy
Pero te vi siempre
Como las guirnaldas en solsticios
El viento sopla fuerte
y los necios se apartan

Después he ordenado almíbar a mi cuarto.
He brindado y vuelto a llorar
Pero así y todo, corro a través de la mañana, pido conocerte.
Es suficiente por el momento.
Te vi.
Y ahora espero.
Solo le pido una sola cosa al destino.
No se olviden de nosotros, los que amamos siempre como gaviotas.




Marcelo Camisay
Febrero 2014