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El ansia



Mi epitafio dirá:

"Aquí solo yacen mis huesos.
Busca mi vida en los poemas, las calesitas de barrio,
la música de los pueblos libres,
o en cualquier abrazo de un padre a sus hijos"





honrar el día
y saber que es solo
un beso de Judas


entiendo,
mi locura no tiene límites
estos sentimientos
son figuras decorativas,
del verdadero secreto
plaza colmada
un sujeto y su discurso,
nadie le cree
ni los ausentes,
ni los sabios


ya nacido en una casa
esas flores no son para mí
que vayan al desconsuelo
los mártires de bronce
en los pedazos de mi carne
laten algunos cristales
y en el cenit de mi pasión
Prometeo vuelve al mar



por mis venas corre una mujer
la llamo por su nombre,
me habita
en una ciudad vertiginosa,
que no acepta
rencores ni desiertos
giro mi cabeza
las sombras se despiertan
un águila confunde el sol
vuela, y la abraza
tuve la impresión de ver colores
ambiciones,
rostros atrapados en su rostro



pequeños objetos
de los tiempos adolescentes
el poeta pretende,
un cinismo agradable
el oasis está,
orgulloso de su profecía
giro mi cabeza
las sombras se despiertan
sus luces me ofrecen,
lo inadmisible
el poder
el ansia



este norte
tiene caminos sin huellas
sin el nombre de las cosas
sin tinieblas,
ni exorcismos
el clamor del mundo se esconde
los árboles, se abrazan
no le temen a la oscuridad
los antílopes dejan de admirar al lago
y salen a buscar futuros
es la ternura hecha lucha
la humanidad,
los envidia
y les permiten pasar



alguien debería traducir a otro idioma
mi placer al verte dormir
la línea recta,
el ocaso
la ropa tendida




—Ha llegado mi carta, escrita hace diez años
—Pero sus palabras se diluyeron, no soportaron esperar





Marcelo Camisay
Agosto de 2015